Última actualización: 19.10.21

 

Los amortiguadores son una de las partes más importantes para la seguridad de nuestro automóvil. Una correcta suspensión del vehículo sirve para mantener el coche sobre la vía de forma segura y nos permite ganar en comodidad. Por eso, es clave saber cuándo cambiar los amortiguadores de nuestro coche.

 

Dentro de los elementos que forman parte de la seguridad activa de nuestro automóvil se encuentran los amortiguadores. Este conjunto se encarga de absorber las irregularidades propias de la vía por la que circulamos y darnos un extra de seguridad a la hora de realizar cualquier viaje. Algo que va mucho más lejos de la idea de muchos conductores, que piensan que este sistema es un componente más y que solo sirve para ganar en comodidad.

Sin embargo, la realidad es muy diferente a esta idea errónea. Hagámonos una pregunta: un amortiguador en malas condiciones, ¿qué consecuencias puede tener? Pues la primera de ellas es un incremento de la distancia de frenado, que será un 35% mayor de la que sería necesaria en condiciones normales. Si circulas a 100 kph, esto equivale a usar unos 30 metros más de lo habitual para frenar tu vehículo.

Por otra parte, la amortiguación en malas condiciones hace que, en las curvas, el vehículo no siga la trazada que establecemos a través de la dirección, lo que también es un riesgo considerable de accidente. Todo ello sin olvidar de la incomodidad que supone ir dando botes con cualquier pequeño bache.

Para evitar todos estos problemas, basta con cambiar los amortiguadores cuando es necesario. Ahora bien, ¿cuándo debemos hacerlo? Esta pregunta nos lleva a una respuesta bastante más amplia de la que ofrece el manual del vehículo. Por eso, vamos a conocer un poco más tanto los diferentes tipos de amortiguadores que existen como las formas de valorar su estado, lo que permite tener una mejor respuesta a la hora de plantear esos cambios que cumplir con un mero kilometraje.

 

Tipos de amortiguadores

En la actualidad, a la hora de comprar amortiguadores para coche tenemos dos formatos principales. Uno de ellos es de los amortiguadores de doble tubo, que son los más utilizados por los fabricantes de vehículos actuales. Estos amortiguadores constan de dos tubos que, unidos mediante un componente interior, se encargan de absorber los baches y demás problemas del terreno. En medio de ambos tubos podemos encontrar solo aceite, en los modelos no presurizados, o bien aceite y un gas que rellena el resto del espacio, en los modelos presurizados. Estos últimos serían los mejores amortiguadores que podríamos usar para turismos y otros vehículos similares, pues dan un mejor rendimiento, más estabilidad y mayor comodidad.

El otro diseño principal es de los amortiguadores hidráulicos monotubo. Estos productos cuentan con un solo tubo dividido en dos cámaras principales, conteniendo aceite la una y nitrógeno la otra. Las cámaras se separan por un pistón, que flota entre ellas y es el que absorbe los golpes. Este producto es bastante más caro y suele ser habitual en los deportivos y otros vehículos de alta gama.

Cómo verificar los amortiguadores

Para conocer el estado de los amortiguadores, podemos hacer un par de pruebas a nivel doméstico. Una de ellas consiste en presionar el capó del vehículo todo lo que podamos y soltarlo de golpe. Dependiendo de la respuesta de los amortiguadores, es posible estimar su estado. Si solo se produce un rebote, entonces los amortiguadores están en buen estado. Si se producen varios rebotes, entonces algo falla. Este mismo proceso puede repetirse en el maletero, para evaluar los amortiguadores traseros.

Otra comprobación que podemos hacer es la visual, para lo que recurriremos a un foso o bien una rampa para coche (si pulsas aquí, encuentras varios productos para elegir), donde subir el vehículo. La idea es acceder a la parte inferior del vehículo y comprobar que los amortiguadores no presentan deformaciones, pérdidas de aceite, óxido y otras muestras de desgaste o deterioro, que recomienden cambiar los mismos.

Finalmente, siempre es posible visitar un taller, para que sea un profesional el que verifique el estado de nuestros amortiguadores. Algo que también se lleva a cabo cada vez que pasamos la ITV, donde estos elementos forman parte de los que se ven sometidos a examen.

 

Cuándo realizar el cambio

Con toda esta información, ya sí podemos responder a la pregunta que dejábamos al principio. En general, aún cuando en los manuales de usuario se indican ciertos kilometrajes para el cambio de los amortiguadores, el consenso actual indica que, más que una cuestión de kilómetros, el cambio debería producirse por una cuestión de desgaste. 

Dicho de otro modo, si unos amortiguadores han llegado al final de su teórica vida útil por kilometraje, pero siguen funcionando correctamente, ¿para qué cambiarlos? Algo especialmente importante considerando cuánto cuesta cambiar los amortiguadores. Una operación que, dependiendo del vehículo, puede llegar a costar cerca de 1.000 euros, por el juego completo. No obstante, lo que sí deberás hacer es verificar con frecuencia el estado de la amortiguación del vehículo, igual que verificas el estado de los neumáticos o el aceite, por ejemplo.

Por cierto, ya metidos en cambios, conviene saber que los amortiguadores deben cambiarse por ejes y nunca de manera individual. Por tanto, si por culpa de un accidente rompes un amortiguador de la zona frontal tendrás que cambiar todos los amortiguadores delanteros a la vez, pero nunca uno solo. Lo mismo pasa con los traseros, que deben también cambiarse en pares.

Otros vehículos

Aunque hemos hablado principalmente de automóviles, hay otros vehículos que incluyen amortiguadores, tales como las motos, las bicicletas de montaña o las de carretera. En este último tipo de productos, la llegada de la amortiguación es una novedad no muy extendida aún. No obstante, es posible encontrar bicicletas de carreras a precios interesantes que incluyen este sistema de amortiguación.

En lo que respecta al aspecto técnico, el cambio de la suspensión de una bicicleta es algo complicado, así que solo deberías hacerlo si realmente la misma está rota por completo. En las suspensiones traseras basta con desmontar el amortiguador viejo y colocar el nuevo, ajustando la tornillería en su lugar. Para la delantera, conviene cambiar la horquilla completa, pues cambiar solo el amortiguador requiere de cortar tubos y realizar algunos ajustes complejos, que no siempre quedan bien. 

En cuanto a las motos, lo hemos dejado para el final, puesto que no suele ser un elemento que necesite de cambio, tal como pasa en los coches. No obstante, es preciso controlar con frecuencia esas suspensiones, a fin de verificar que las mismas no pierdan aceite, no tengan fugas ni otros defectos que requieran de nuestra atención.

 

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