Última actualización: 14.04.21

 

Al igual que pasa con el coche eléctrico, el motor de hidrógeno es otra gran apuesta para cambiar la forma en que nos desplazamos, en un entorno más limpio y menos contaminado. Una tecnología incipiente que tendrá mucho que decir en el futuro.

 

Dentro de los diferentes usos del hidrógeno, el que emplea este gas como combustible es uno de los más conocidos. De hecho, este gas se lleva utilizando desde hace muchos años como combustible a la hora de mover cohetes o naves espaciales. Precisamente, derivado de este uso, surge la idea de aprovechar la energía del hidrógeno en nuestros vehículos, mediante la llamada pila de hidrógeno. Un proceso prometedor, aunque el mismo aún está en sus primeras fases de desarrollo.

 

Qué es el hidrógeno

Antes de tratar sobre los vehículos de hidrógeno, conviene saber más sobre el combustible que usan estos. El hidrógeno es un elemento químico, de carácter gaseoso y que se considera como una fuente de energía secundaria. Esto supone que encontrar hidrógeno de forma natural y autónoma no es lo habitual, sino que es necesario utilizar una fuente primaria para extraerlo. La buena noticia es que la principal fuente para obtener hidrógeno como combustible, o para cualquier otro uso, es el agua. 

En todo este proceso, es necesario utilizar algo de energía, dado que la separación del agua en hidrógeno y oxígeno requiere de un proceso industrial. La ventaja es que estos procesos son cada vez más eficientes e incluso se está estudiando la forma de obtener hidrógeno mediante el uso de algas o bacterias, que expelen este gas durante sus procesos de fotosíntesis. Algo que eliminaría el gasto de energía usado en el proceso de extracción. De todos modos, a día de hoy el hidrógeno ya es una fuente de energía sostenible, tanto por su origen como por la energía empleada en su extracción.

La pila de hidrógeno

Una vez que tenemos el combustible, es el momento de profundizar en el elemento que será habitual en los vehículos del futuro. Hablamos de la pila o batería de hidrógeno, responsable de suministrar la energía que el automóvil eléctrico necesitará para desplazarse.

Sin entrar en profundidad en el proceso utilizado, la pila de hidrógeno vendría a ser el equivalente al motor de combustión en un motor térmico convencional. Precisamente en este espacio, dentro de esa pila, es donde se produce la combustión del hidrógeno. Para ello, este elemento se mezcla con oxígeno filtrado y comprimido. La buena noticia es que el oxígeno se obtiene directamente del ambiente, así que el vehículo solo necesita el tanque para el hidrógeno.

En este proceso de combustión se obtiene electricidad, que es la que se transmite al sistema de propulsión del coche. Como residuos del proceso se obtiene vapor de agua, por lo que el vehículo no genera emisiones contaminantes. Esto no quiere decir que el coche con pila de hidrógeno sea totalmente ecológico, dado que tanto el proceso de obtención del hidrógeno como la propia fabricación sí generan algunas emisiones y contaminación. Pero en lo que se refiere a su rodaje sí es un cero emisiones puro. Además, la suma total de la energía del hidrógeno frente a la gastada en su obtención y en la fabricación del vehículo también es positiva, como venimos comentando.

 

El problema del suministro

Una vez conocido el funcionamiento del hidrógeno como combustible, nos encontramos ante el principal problema en el avance de este tipo de vehículos. Un problema compartido con el coche eléctrico pero que resulta aún más grave en este tipo de coches. Hablamos de la presencia de hidrogeneras en España, o, más bien, de la ausencia de ellas.

Y es que en el momento de redactar este artículo, apenas hay 3 de estas hidrogeneras operativas en toda España, con algunas de ellas trabajando además a la mitad de la presión óptima para una operativa eficiente. Así que está claro que la apuesta por el coche de hidrógeno tiene poco futuro, a día de hoy. 

No obstante, el proceso de suministro y la tecnología que tienen las hidrogeneras no resultan especialmente complejos. Sí es verdad que se requieren de medidas de seguridad específicas y más complejas, así como de unos depósitos más grandes, a fin de que se puedan repostar una cantidad de coches adecuada. Pero fuera de esto, el planteamiento de estos repostajes no cambia demasiado frente al de un vehículo normal, ni por tiempo ni por complejidad.

Por fortuna, el motor de hidrógeno puede recorrer hasta 600 kilómetros con un solo depósito, por lo que el problema de autonomía que tienen los coches eléctricos no lo sufrirán este tipo de vehículos. No obstante, es importante saber que esa autonomía se reduce en caso de usar los complementos, por mucho que se monten los mejores aires acondicionados o los sistemas de gestión más eficientes en el sistema eléctrico del vehículo. Algo habitual también en los coches de combustión, que consumen más cuantos más complementos utilizamos en el vehículo.

De todos modos, salvo en el tema de motor, los coches con pila de hidrógeno suelen usar el mismo chasis, el mismo tipo de neumático, los mismos interiores y los mismos diseños que sus hermanos convencionales. Por tanto, será fácil en el futuro optimizar esos vehículos de hidrógeno para mejorar aún más los consumos y su autonomía.

Un futuro esperanzador

A pesar del presente oscuro que tenemos hoy día, normal por otra parte para una tecnología incipiente y no precisamente barata, lo cierto es que el futuro es bastante más esperanzador para el coche de hidrógeno. Y es el gobierno el que quiere erigirse como catalizador de este planteamiento.

Para ello, se ha previsto una inversión de unos 8.900 millones de euros, destinada a diferentes planes con los que resolver algunos de los problemas que hemos comentado. En la propuesta que mayor importancia para los futuros usuarios de coches de hidrógeno tendría, se encuentra el compromiso de establecer una red de hidrogeneras públicas, en las que los usuarios de estos vehículos pudieran repostar sin problemas.

Este plan establece la construcción de unas 100 a 150 de estas estaciones de servicio basadas en el hidrógeno para el año 2030, entre las que no debería haber más de 250 kilómetros de distancia. El objetivo del plan es crear una red básica para que los usuarios de este tipo de vehículos puedan repostar. Algo que se considera como base para garantizar la movilidad nacional de estos vehículos, aprovechando así su autonomía.

Fuera de esta parte del plan, la norma también prevé inversiones para la compra de autobuses con pila de hidrógeno, así como su aplicación en el mundo del ferrocarril. Un planteamiento integral que, de cumplirse, servirá para empezar a cambiar la movilidad hacia un mundo un poco más verde.

 

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