Última actualización: 14.04.21

 

La caja de cambios del coche es un componente básico, que se encarga de ayudar a que la potencia del motor se transmita con eficiencia, al tiempo que protege los elementos que forman parte de la misma. Un elemento básico del vehículo que conviene conocer en profundidad.

 

España es un país en el que casi todos los coches tienen una caja de cambios manual. No obstante, en otros países son habituales los vehículos con la caja de cambios automática, tal como pasa en Estados Unidos. En ambos casos, el cambio de marchas del vehículo es una pieza fundamental para que el coche circule como debe y aproveche al máximo la potencia del motor, transferida a las ruedas a través de la transmisión del vehículo.

Esta pieza no requiere de un mantenimiento al uso, puesto que las únicas operaciones que se ejecutan en la misma se realizan en un taller, cuando se produce una avería. Un problema que podemos evitar si conocemos el funcionamiento de la caja de cambios y cómo cuidarla adecuadamente.

 

Partes de una caja de cambios

Para conocer este elemento de tu vehículo, empezamos analizando los diferentes partes de la caja de cambios. Esta caja cuenta con una serie de ruedas dentadas o engranajes, que se sitúan en dos o tres árboles diferentes, según modelo. El primero de estos ejes es el primario, que recibe las revoluciones directamente desde el motor y gira a igual velocidad y misma dirección que este.

El segundo elemento es el intermedio, que engrana con el árbol primario y gira en sentido contrario al motor. Este elemento no está presente en las cajas transversales, pero sí en el resto, la mayoría. El tercer elemento es el secundario, que es el que va introduciendo las marchas responsables del movimiento del motor, mediante un sistema de engranajes desplazables. Según la caja sea longitudinal o transversal, entonces este engranaje girará en el mismo o en sentido opuesto.

Todos estos elementos, junto con el eje de la marcha atrás, se sitúan dentro de una carcasa. Esta se fabrica con metal de alta resistencia y se sitúa sobre una caja cerrada. La misma está rellena de aceite para caja de cambios, para facilitar el desplazamiento de las piezas. Finalmente, tenemos la palanca de cambios, situada en el habitáculo y con la que controlar las marchas del coche a tu gusto.

Tipos de cajas de cambios

Como ya hemos comentado, tenemos dos grandes grupos de cajas de cambios. El primero es el de las cajas manuales, que cuentan con palanca de cambios, embrague y dos o tres ejes diferentes para el giro, según el diseño de la misma.

Por su parte, las cajas automáticas tienen dos variedades principales. Una de ellas son las cajas pilotadas, que cuentan con dos embragues y un sistema electrónico de gestión tanto de esos embragues como de la propia caja de cambios. La otra opción son las cajas de cambio automáticas con convertidor de par. Tienen un mayor peso, aunque siempre tienen la siguiente marcha lista, reduciendo el tiempo necesario para ejecutar los cambios.

 

Cómo funciona una caja de cambios

El funcionamiento de la caja de cambios depende de si el vehículo es de transmisión manual o automática. En los de transmisión manual será necesario pisar a fondo el embrague y mover la palanca de cambios a la posición deseada. Después, soltamos el embrague y recuperamos el ritmo. En todo este proceso, estamos moviendo el disco de la velocidad deseada, que se coloca en su lugar al mover la palanca. Este disco engancha con el eje del motor una vez que soltamos el embrague. Una tarea a la que ayuda el sincronizador de la caja de cambios, que iguala la velocidad de los elementos en giro para hacer más fácil y más suave esa unión.

Por su parte, el pedal del embrague desaparece en los coches con cambio automático, en los que es la propia caja la que se encarga de ir moviendo las marchas y el embrague según lo requiera la velocidad a la que circulamos. No obstante, en las cajas automáticas encontramos un selector de velocidades, que nos ayuda a elegir si necesitamos más velocidad o más potencia, así como a indicar cuando necesitamos usar la marcha atrás o el freno de estacionamiento.

Averías de las cajas de cambios

Para cerrar este análisis, es momento de conocer cuáles son las principales averías que tienen las cajas de cambios, tanto manuales como automáticas.

Empezando por las manuales, un problema habitual son los ruidos al meter la marcha, que pueden estar acompañados de tirones o “rascones”. Esto puede deberse a un desajuste o desgaste del embrague. Si el embrague no está bien, cuesta más meter las marchas. De todos modos, es clave pisar bien el pedal del embrague al hacer los cambios.

También puede costar trabajo meter la marcha en su lugar, lo que puede estar relacionado bien con una falta de lubricación del sistema o bien con algún defecto del sistema de varillaje. Para resolverlo, es necesario revisar todo el sistema de la caja. 

Si al meter una marcha esta se bloquea, esto se debe al desgaste de los bolillos de seguridad. Si estos elementos están desgastados, es posible que el cambio intente “meter” dos marchas a la vez. Si esto ocurre, el sistema se bloquea, por cuestiones de seguridad. Esta avería se soluciona cambiando los bolillos gastados por unos nuevos.

En cuanto a los vehículos con cambios automáticos, lo habitual es que las marchas resbalen o que haya problemas de aceleración. Esto viene relacionado con problemas de lubricación o con un fallo en el convertidor de par, que impide que las marchas se engranen bien. Finalmente, si no funciona el cambio de marchas, la causa suele ser una avería del mando selector.

Todas estas averías, especialmente en las cajas manuales, pueden evitarse. Para ello, basta con pisar bien el embrague a la hora de meter las marchas y manipular la caja de cambios. También es importante no tener el embrague pisado ni usar la palanca de cambios como apoyo para la mano. Estas dos malas costumbres provocan holguras en el sistema de cambio y generan averías a medio y largo plazo.

 

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