Última actualización: 14.12.19

 

En un país en el que la nieve no suele ser algo habitual, salvo en zonas de alta montaña, las cadenas de nieve suelen ser la opción elegida para circular en invierno. Sin embargo, los neumáticos de invierno pueden ser una alternativa interesante cuando se dan las circunstancias necesarias para su uso.

 

Salvo en aquellos casos en que las olas de frío polar, las ciclogénesis explosivas y las tormentas de nieve hacen de las suyas, España no es un país en el que suela ser necesario recurrir a elementos adicionales con los que mantener nuestra movilidad durante el invierno, salvo aquellas zonas de alta montaña en las que la presencia del frío y el hielo es más habitual. Un contexto muy diferente del de otros países como Alemania, Austria, Eslovaquia o Finlandia, por citar algunos, en los que incluso es obligatorio el uso de estos neumáticos de invierno durante algunos meses al año o bien ante avisos de tormentas de hielo y nieve. Algo que lleva a los conductores de estos países a tener dos juegos de neumáticos en casa, uno dedicado al invierno y otro al verano.

Todo este planteamiento puede llevar a preguntarnos realmente si nos merece la pena “volvernos europeos” y montar estos neumáticos de invierno. Una pregunta a la que vamos a responder con el análisis necesario de ambas opciones y sus recomendaciones de uso correspondientes.

 

 

Qué son los neumáticos de invierno

Pero antes de empezar, es importante saber de qué hablamos cuando nos referimos a los neumáticos de invierno. En general, los neumáticos que vemos en las tiendas y que están montados en nuestros coches son los llamados neumáticos de verano, o más correctamente dicho, para todo tiempo o para todo el año. Unos neumáticos que sirven para circular en verano, con lluvia, con frío o con un poquito de nieve o hielo (muy poco la verdad).

En contraposición, los neumáticos de invierno son aquellos que han sido diseñados de manera específica para ser utilizados cuando el frío arrecia. No solo por el tema de rodar sobre hielo o nieve, sino también a la hora de circular con bajas temperaturas. Algo que se consigue mediante una construcción específica, en que la goma trabaja mejor a temperaturas más bajas que los neumáticos de verano. Por tanto, su adherencia es mayor incluso con temperaturas bajo cero.

Además del compuesto utilizado, estos neumáticos cuentan también con dibujos específicos, con una mayor cantidad de laminillas de sujeción al suelo, así como una mayor profundidad en los tacos, a fin de asegurar un agarre adecuado incluso cuando hay mucha nieve en carretera. De hecho, los neumáticos de invierno pierden su eficacia cuando se quedan con menos de 4 milímetros de profundidad en su dibujo, aunque el resto puede gastarse en verano sin problemas.

 

Las cadenas, una alternativa para un uso ajustado

Frente al gasto que supone tener un segundo juego de neumáticos, en un país en el que la nieve no es habitual, las cadenas son una buena alternativa para mantener nuestra movilidad invernal. Una ventaja que ha ganado enteros tras la llegada de las cadenas textiles y semiautomáticas, con las que se reducen los problemas y molestias durante el montaje de las mismas.

Sin embargo, este sistema sigue teniendo inconvenientes. Uno de ellos es que, por muy cómodo que sea el montaje, tenemos que seguir saliendo al frío del exterior a montar las cadenas, mojarnos las manos, liberar el paso de rueda de la nieve que haya en su interior y dedicarle un buen rato al montaje. Sin olvidarnos de que la velocidad máxima a la que vamos a poder circular es de 50 kilómetros por hora, debiendo tener además cuidado de no rodar sin nieve, lo que puede destrozar algunas cadenas como las textiles. Lo que nos lleva a tener que parar de nuevo el coche cuando el suelo esté limpio de nieve, desmontar las cadenas y guardarlas. Algo que puede ser aceptable si solo lo hacemos un par de veces al año, pero no tanto si tenemos que hacerlo con frecuencia.

 

 

Qué decisión tomar

Llegados a este punto, es probable que ya tengas más o menos claro cuál es la decisión a tomar, pero para que sea más fácil, vamos a resumir los dos supuestos principales a los que nos enfrentamos.

En caso de que vivas en una zona en la que la nieve y el hielo sean frecuentes, tal como pasa en las zonas de alta montaña y especialmente al norte del país, la idea de montar neumáticos de invierno es la mejor opción. Entre otras cosas porque estos neumáticos evitan montar las cadenas cada vez que nieve, pero también tienen la ventaja adicional de ofrecernos una mayor seguridad durante el resto de nuestros viajes con bajas temperaturas. 

El compuesto de estos neumáticos nos otorga un mejor agarre en cualquier circunstancia climática, lo que sirve para el frío, la nieve y también para la lluvia. Porque estos neumáticos y su dibujo también son capaces de evacuar una mayor cantidad de agua en caso de lluvia muy copiosa. Como ventaja adicional, una vez que los neumáticos bajan de los 4 milímetros de dibujo, pueden seguir usándose en verano, para apurar su diseño como si de un neumático convencional se tratase.

En el otro extremo, las cadenas para nieve serían la opción adecuada para cuando queramos tener un extra de seguridad al desplazarnos, pero normalmente no hagamos viajes por zonas con nieve. No tiene sentido gastar en unos neumáticos de invierno si no vamos a usarlos de manera intensiva. Lo que sí es importante, a la hora de buscar las mejores cadenas para nieve para nuestro coche, es que elijamos unas adaptadas a nuestras preferencias, especialmente en lo que se refiere al montaje. Este aspecto es el más problemático de las cadenas convencionales, aunque puede solventarse de una manera sencilla gracias a la amplia oferta de cadenas actualmente a la venta, como las textiles o las semiautomáticas.