Última actualización: 14.12.19

 

Aunque en España estamos acostumbrados a los vehículos con cambio manual, los que ofrecen cambio automático cada vez están más presentes. Si eres de los que está harto de pisar embrague y cambiar marchas quizá sea una buena alternativa.

 

Según datos de 2017, de los vehículos que circulaban en España en ese año el 80% de ellos montaba una caja de cambio manual, mientras que el 20 % restante montaba una caja de cambio automática. Unos datos diametralmente opuestos a los Estados Unidos, en los que el cambio manual mantiene una cuota de mercado residual y que, según los expertos, acabará desapareciendo en poco tiempo. Algo que tiene que ver con la tradición del país y también con la alta potencia y cubicaje de sus motores, incluso los utilitarios, a lo que se suma la presencia del coche eléctrico, que generalmente cuenta con cambio automático.

Este planteamiento lleva al usuario a preguntarse si realmente merece la pena olvidarse del embrague y dar el salto al motor con cambio automático o si sigue mereciendo ese extra de control que nos da el sistema automático a la hora de circular. Sobre todo considerando la llegada de los vehículos con sistemas Start and Stop, que también modifican esta forma de conducir.

 

Conociendo los dos sistemas

Para empezar, es necesario saber de qué estamos hablando cuando nos referimos al cambio automático y al manual. Por cierto, en ambos casos sigue siendo necesario contar con el mejor embrague dentro de la caja de cambios, dado que la diferencia principal radica en la forma en que se cambian las marchas, pero esto no afecta a los elementos presentes en la transmisión.

Del cambio manual no hay demasiado que contar. Es un sistema activado y gestionado directamente por el conductor, que procede a realizar los cambios de marcha cuando entiende que estos son necesarios según las circunstancias y el estilo de conducción. Para ello, el conductor pisa el pedal del embrague para liberar la transmisión y procede a elegir en la caja de cambios, mediante la palanca correspondiente, la marcha a la que quiere circular.

Por su parte, el cambio automático elimina esta necesidad de intervención humana y gestiona de forma independiente la manera en que las marchas se van colocando. En este caso, el usuario no tiene más que elegir la posición de la palanca dependiendo de lo que necesite (aparcar, circulación urbana o circulación en carretera) y el cambio se encarga de todo. Conforme el conductor acelera o frena, la caja va metiendo las marchas, activando automáticamente el embrague y realizando la selección del cambio en la caja.

 

 

Ventajas y desventajas de las cajas manuales

Las cajas manuales siempre han tenido una serie de ventajas considerables frente a las automáticas. La mayor parte de ellas tiene que ver con el control del vehículo, de modo que es el usuario el que decide que marcha y usar y que nivel de revoluciones darle al motor en cada momento. Algo interesante para ahorrar combustible, gestionar mejor la circulación y también para tener unas mejores sensaciones en esa conducción. Lo que no es posible hacer en las cajas automáticas.

En el lado negativo, los embragues de las cajas manuales sufren más, porque siempre hay una ocasión en la que el pedal se pisa mal, dejamos el pie apoyado y cometemos otros errores que acortan la vida útil de la caja. También tenemos el inconveniente de tener que estar siempre atentos a la conducción para ir cambiando de marcha, lo que puede ser algo molesto si hay que hacer muchos cambios ,tal como pasa en la conducción urbana.

 

Ventajas y desventajas de las cajas automáticas

La principal ventaja de la caja automática es que nos podemos olvidar de ella. Una vez que estamos rodando no hay que pisar nada ni tocar la palanca, dado que esta se encarga automáticamente de todo. Algo que va ligado también a una mayor tecnología y un planteamiento más avanzado en el motor, como el que encontramos en los sistemas Start and Stop o lo que incluyen frenado de emergencia, que ya vienen siendo habituales en los vehículos modernos. Por otra parte, estas cajas van teniendo cada vez un comportamiento más animado, frente al funcionamiento plano de las cajas automáticas más antiguas, adaptándose a todo tipo de vehículos. Recordemos que antes solo llevaban estas cajas los vehículos de alta gama mientras que ahora son cada vez más populares.

En la parte de los inconvenientes tenemos dos. El principal es el coste de su mantenimiento, dado que el embrague se mueve de forma automática mediante una gran cantidad de elementos electrónicos, que requieren de cuidados más intensos que los de un embrague normal, que apenas precisa mantenimiento. También tienen un mayor consumo de combustible, aunque este problema cada vez es menor por la mayor tecnología de las cajas. Y en cuanto a las sensaciones, pese a los avances comentados, siguen siendo menores en estas cajas automáticas.

 

 

El futuro

Llegados a este punto, podemos tener más o menos claro si preferimos un coche con palanca de cambios y embrague tradicional o bien uno con caja automática que lo haga todo por nosotros. El problema es que el mercado es el que finalmente va a dictar sentencia. Una sentencia que va a condenar a la desaparición a los vehículos con cajas manuales.

La explicación es sencilla. Si vemos los modelos que van saliendo nuevos al mercado, la mayoría tiene ya versiones con cajas automáticas, lo que es prueba de la prevalencia de este sistema. Algo aún más notable en los vehículos eléctricos, que no tienen caja de cambios manual sino automática, siendo estos modelos lo que establecerán la modalidad del futuro. 

A esto también ayuda la mejora en esos sistemas de cambio automático, con tecnologías como  el sistema DSG de cambio robotizado que ofrece Volkswagen. Estas tecnologías mantienen las viejas sensaciones de las cajas manuales, en lo que a viveza del motor se refiere,de modo que ayudarán en esta transición. Así que el tiempo de las cajas manuales, salvo un giro brusco del mercado, esta contado.