Última actualización: 14.10.19

 

El embrague es una de las piezas clave de nuestro motor, al transferir la potencia de este al eje. Por eso es clave cuidar de esta pieza y evitar algunos de los hábitos que reducen su vida útil y su durabilidad.

 

Siempre que se trata de unir piezas metálicas en movimiento hay que agudizar el ingenio para dar con soluciones que combinen un adecuado rendimiento con un funcionamiento de nuestro vehículo. En este caso, la responsabilidad cae directamente en el embrague, que es la pieza intermedia en la conexión entre el eje de transmisión del motor y la caja de cambios, como paso previo a enviar la energía del motor a las ruedas.

Algo que nos deja bien claro la importancia que tiene este elemento para nuestro vehículo y por qué debemos cuidar del mismo. Sin embargo, muchas veces adquirimos hábitos que van deteriorando el funcionamiento del embrague y que, en algunos casos, nos obligan a tener que cambiar el mismo con una antelación mayor a la deseable. Algo que, por otra parte, no es precisamente barato. Así que para que no tengas que empezar a buscar el mejor embrague (Si pulsas aquí, encuentras varios productos para elegir) para tu coche antes de tiempo, conviene saber qué es lo que no debes hacer a la hora de conducir.

 

1. No cuidar el arranque en frío

Uno de los problemas que tienen que afrontar los vehículos en invierno es la temperatura propia de esta época. Por eso, en caso de un arranque en frío, es importante que no empecemos a conducir de manera exigente al momento, sino que deberemos esperar unos segundos a que el aceite llegue a todos los componentes del motor y que la temperatura se incremente, a fin de evitar el deterioro acelerado del vehículo. Por cierto, ya que hablamos de arranque, suele ser recomendable arrancar el vehículo en punto muerto a hacerlo con una marcha engranada, ya que esta costumbre puede acabar por acortar la vida útil del embrague.

 

2. No pisar a fondo el embrague

El embrague es una pieza mecánica, que se activa a través del pedal correspondiente. En caso de que no pisemos el embrague bien a fondo cuando cambiamos las marchas, podremos hacer los cambios pero seguramente que la caja de cambios “rasque”, lo que provoca ruidos y un desgaste innecesario a la hora de circular. Así que es fundamental pisar siempre el pedal del embrague hasta el fondo y no empezar a mover la palanca hasta que el embrague esté debidamente liberado.

 

 

3. El pie siempre en su sitio

Otro de los malos hábitos que tenemos a la hora de conducir es dejar el pie apoyado sobre el pedal del embrague a la hora de circular. Algo totalmente innecesario, dado que tenemos un apoyo para el pie justo a la izquierda del pedal, en el que reparar cuando no tengamos que pisar el embrague. Esta mala costumbre puede provocar holguras en el plato del embrague y hacer que el mismo patine y se deteriore antes de lo que debiera. Por eso debemos evitarla al máximo.

 

4. La mano, también en su sitio

Lo mismo que hemos comentado para el pie es aplicable también para la mano en lo que a la palanca del cambio de marcha se refiere. No debemos dejar la mano apoyada sobre la palanca, puesto que esto causa un exceso de presión innecesario sobre la caja de cambios, que acaba por generar holguras en todo el sistema, embrague incluido. Así que no tenemos más que dejar la mano en cualquier otra parte para evitar estos daños a nuestro embrague.

 

5. A las revoluciones justas

Dependiendo de si tienes un coche diésel o de gasolina, el motor de tu vehículo debe girar a un ritmo o régimen de giro determinado a la hora de hacer los cambios. En el caso de los motores de gasolina, por ejemplo, estos cambios deben realizarse a partir de las 3.000 vueltas. Si tenemos un vehículo, diésel este régimen de giro se reduce a unas 2.000 revoluciones por minuto. Esta es la referencia recomendable de cara a mantener una conducción segura, pero también para alargar la vida del embrague. 

Lo que no debes hacer nunca es forzar la caja de cambio a revoluciones muy elevadas a menos que sea estrictamente necesario, como por ejemplo a la hora de subir fuertes pendientes. Y tampoco conviene plantear una conducción deportiva, con muchos cambios de velocidades, revoluciones y pisotones del embrague. Así que salvo que estés en circuito, los derrapes y los drifts en las arrancadas mejor dejarlos a un lado.

 

 

6. En los semáforos, siempre punto muerto

Siguiendo con nuestros consejos para no forzar el embrague de más, también es necesario que siempre que nos detengamos en un semáforo o en un atasco dejemos el motor en punto muerto. Algo que elimina desgaste innecesario del embrague, dado que no tiene sentido mantener el motor embragado y el pedal pisado mientras esperamos. 

Además, los vehículos modernos equipados con tecnología Start and Stop deben quedar en punto muerto, a fin de permitir que el motor se detenga. Si mantenemos una marcha metida y el motor embragado, entonces este no se detendrá, porque entiende que vamos a reanudar la marcha en breve. Algo que incrementa el consumo de combustible y también deteriora la mecánica sin necesidad.

 

7. No verificar su estado

Aunque el embrague es una de las piezas que mayor vida útil tienen de nuestro motor, lo cierto es que este también nos da pistas cuando su estado empieza a ser un problema. Entre estos problemas se encuentra el “rascado” de las marchas, que se produce incluso cuando pisamos el embrague por completo. También tenemos la pérdida de apoyo, de modo que incluso con el embrague pisado se sigue transfiriendo energía al eje de transmisión. Son algunos detalles que conviene no dejar pasar, puesto que son señales de una posible avería que, de no repararse convenientemente, puede acabar en una avería de embrague mucho más grave. Y mucho más cara.