Última actualización: 23.09.21

 

Desde que se inventó el motor de coche, allá por finales del siglo XIX, la tecnología ha cambiado de forma notable. No obstante, los nuevos tipos de combustibles y la búsqueda de la eficiencia energética está revolucionando el mundo de la automoción y añadiendo nuevos miembros a esta familia.

 

El primer motor de coche de combustión interna data de nada menos que 1886. Por aquel entonces, Karl Friedrich Benz lanzó el Velo, el primer automóvil de la historia. Una creación que abrió el mercado de los motores de gasolina, a los que pronto se sumarían otros vehículos, como el Ford T de Henry Ford o ideas como el motor de cilindros opuestos de Commer Knocker, pensado para vehículos de alta potencia. No obstante, su consumo y cilindrada eran más propios de un camión que de un simple utilitario.

Desde estas lejanas fechas hasta nuestros días, los motores de gasolina han evolucionado de forma considerable. De hecho, hoy día los viejos motores de explosión están en entredicho, principalmente por los efectos contaminantes que estos vehículos generan en el medio ambiente. Por eso, son cada vez más los nuevos tipos de motor existentes y los que se encuentran en desarrollo, teniendo diferentes combustibles y modos de funcionamiento. Una revolución que, más pronto que tarde, hará pasar a la historia al viejo motor de combustión.

Dado que son muchos los motores de coches existentes, vamos a analizar tanto las diferentes propuestas actuales como el futuro de cada una de ellas.

 

El motor de gasolina

Tal como decíamos en la introducción, el primer motor al que nos vamos a referir es el de gasolina. Fue el primero en llegar y ha evolucionado de forma considerable hasta nuestros días, ofreciendo un consumo de energía cada vez más reducido y un nivel de contaminación ajustado. Algo a lo que contribuye el uso de aceite 5W30, 0W30 y los similares, que ayudan a soportar la compresión incrementada de estos motores y mejoran el rendimiento.

Este motor cuenta con un sistema de cuatro tiempos, por el que se procede a introducir la gasolina dentro del pistón, se comprime y mezcla con el aire, se inflama mediante una chispa y se produce el movimiento. Un planteamiento básico cuya eficiencia se ha mejorado con mayores niveles de compresión y una eficiencia más elevada en la entrada de ese combustible, que permite aprovecharlo mejor.

El motor diésel

Frente al tradicional estándar del motor de gasolina, el motor diésel es la otra opción más habitual en nuestros días. El problema es que la generación de contaminación de este tipo de motores es un problema serio para el medio ambiente. Estos motores generan más partículas y una mayor cantidad de monóxido de carbono que los vehículos de gasolina. Así que lo que era una solución barata a la movilidad se ha convertido en un problema serio para el aire de nuestras ciudades.

 

El motor de GLP

Aunque su presencia ha sido tradicionalmente residual, los motores de GLP (butano) o GNC (gas natural) siempre han estado presentes en nuestros vehículos. En general, hablamos de vehículos mixtos, que también incluyen motor de gasolina y usan uno de ellos según lo que sea necesario, utilizando los mismos tipos de cilindros para el gas que los usados en la combustión convencional. 

La buena noticia es que, en el contexto actual, este tipo de vehículos se está poniendo de moda poco a poco e incluso existen ya ayudas para “gasificar” vehículos de gasolina convencionales, así como para la compra de coches que incluyan esta tecnología de serie. Algo relacionado con la menor cantidad de contaminantes que generan durante el rodaje.

 

El motor eléctrico

El motor eléctrico es una de las grandes esperanzas para el futuro de la automoción. Los vehículos equipados con estos motores no generan contaminación mientras circulan y, si se alimentan mediante fuentes de energía renovables, tampoco suponen un problema medioambiental. Es una de las apuestas más firmes de las empresas de automoción, que no paran de lanzar modelos con esta tecnología.

No obstante, estos motores tienen un problema: la autonomía. Y es que, frente a la autonomía de los vehículos diésel o gasolina, los vehículos con motor eléctrico aún no cuentan con baterías suficientes como para ofrecer capacidad para distancias prolongadas. Por suerte, este es otro de los aspectos en los que la investigación se ha enfocado hoy día. Cada vez es más fácil encontrar vehículos con autonomías de 200 kilómetros o más, el límite que se considera adecuado para que estos motores sean prácticos en grandes desplazamientos.

El motor híbrido

Aunque no son un tipo de motor específico, los motores híbridos son una de las propuestas más actuales y forman ya parte de muchos turismos. La idea de estos modelos es contar con un motor de combustión, generalmente de gasolina, acompañado de un segundo motor con capacidad de generar energía eléctrica.

Durante el rodaje, el vehículo incluye una unidad de control, que se encarga de identificar qué combinación es más conveniente durante el trayecto. En la ciudad, por ejemplo, suele usarse el motor eléctrico, mientras que en carretera se usa el de gasolina o incluso los dos a la vez. Una solución que está siendo muy útil para reducir el consumo en las partes más complejas de la conducción, en lo que a gasto de combustible se refiere, como son los recorridos urbanos.

 

El motor hidrogeno

Cerramos este artículo con un motor que se encuentra en sus fases iniciales, aunque está llamado a ser el futuro de la automoción. Hablamos del motor de hidrógeno. Este cambia el combustible tradicional por el hidrógeno, cuya combustión se encarga de generar la energía necesaria para circular. La mejor noticia para el medio ambiente es que esta combustión no genera ningún residuo, limitándose a emitir a la atmósfera vapor de agua. 

El problema surge por la complejidad de obtener ese hidrógeno y, sobre todo, del elevado coste de esta tecnología. No obstante, es esperable que a medida que esta se popularice resulte asequibles para todos los usuarios y acabe por desplazar a los motores de combustión tradicionales.

 

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