Última actualización: 25.05.20

 

Durante muchos años los cascos de motocross, al igual que el resto de cascos para moto, tenían por objetivo absorber la fuerza del impacto. Pero la nueva tecnología MIPS va a cambiar este planteamiento para siempre.

 

Tal como ha pasado en muchos elementos de seguridad relacionados con el mundo del motor y de las dos ruedas, el casco es una invención relativamente moderna, al menos en relación con la aparición de las primeras motocicletas. Es cierto que los primeros vehículos no es que fueran especialmente rápidos y tampoco eran demasiados complicados de manejar, pero lo cierto es que a medida que las motos ganaban en velocidad y complejidad también lo hacían los accidentes. Algo que obligaba a los usuarios a cambiar sus molonas gafas y gorras por unas protecciones de verdad. 

Pero desde los primeros cascos que surgieron hasta hoy apenas ha habido cambios en el planteamiento original de estos productos. Un planteamiento que la tecnología MIPS espera cambiar en un futuro cercano, para dar una mayor seguridad a los motoristas. Así que quizá la próxima vez que tengas que buscar el mejor casco de motocross para reemplazar tu viejo protector quizá puedas ya disfrutar de sus beneficios.

 

Un poco de historia

Aunque no era más que una bicicleta con una máquina de vapor activada por carbón, la primera moto como tal data de nada menos que 1867. Sin embargo, los primeros cascos para moto empezarían a ser utilizados en los años 30 por el ejército británico tras la muerte del mítico Lawrence de Arabia. Una muerte que, en caso de usar uno de estos cascos quizá podría haberse evitado.

Sin embargo, aquellos cascos no pasaban de ser unas chichoneras fabricadas con piel y corcho cuya protección era mejorable. La prueba llegó con la carrera espacial y el diseño de los cascos de los astronautas. Algo que tomaría como base la firma americana Bell para fabricar el primer casco integral, cuya protección mejoraba los cascos tipo chichonera habituales hasta entonces. También se aprovecharon los materiales derivados de la exploración espacial para crear productos más avanzados.

Hoy día la tecnología de materiales ha avanzado de forma notable. Basta echar un vistazo al mercado para encontrar cascos fabricados en resina pero también en materiales más complejos tales como fibra de vidrio o de carbono. Estos nuevos materiales tienen la capacidad de absorber mejor los impactos y evitar su transferencia a la cabeza del motero, logrando una mejor formación y dispersión de la misma. Sin embargo, el problema principal casi 100 años después que los cascos siguen estando pensados para absorber fuerzas.

El riesgo de lesiones internas

El planteamiento de absorción de fuerzas tiene por objeto proteger la cabeza, especialmente el cráneo, frente a los posibles golpes directos contra el suelo, contra piedras y otros obstáculos en caso de caída. Algo importante tanto cuando se trata de cascos de motocross como de cascos convencionales. Este planteamiento clásico tiene por objetivo reducir esa cantidad de fuerza, de modo que el motorista no se rompa la cabeza, literalmente hablando.

Sin embargo hay un problema paralelo que surge de este planteamiento y que es común a diversos deportes tales como el ciclismo, el esquí o el boxeo. Tomando como ejemplo este último deporte, cuando un boxeador cae a la lona tras encajar un directo generalmente no lo hace por la fuerza del mismo sino por el impacto del cerebro contra el cráneo provocado por la fuerza del golpe. Pensemos que el cerebro no está totalmente fijado en el cráneo y que cualquier golpe, o incluso algo tan tonto como levantarnos de golpe de la cama, puede mover el cerebro y causar un mareo. Si esto se acompaña de una fuerte deceleración, como la que se produce en un accidente de moto podemos entender que las lesiones internas van más allá del golpe contra el cráneo.

Por si fuera poco surgen dos problemas más. Por un lado nos encontramos ante una aceleración que no solo es lineal, sino que también puede ser angular o de rotación, dependiendo de la forma del impacto y el desplazamiento que genere. Por otro lado, es posible que tras el golpe el afectado no muestre síntomas del daño hasta que sea demasiado tarde, tal como ha pasado con numerosos boxeadores o jugadores de futbol americano.

 

La tecnología de MIPS

Para tratar de solventar estos problemas la firma sueca MIPS ha lanzado un sistema con el mismo nombre, que responde a las siglas en inglés para un sistema de protección de impacto multidireccionales. Detrás de este sistema se encuentran dos neurocirujanos suecos que, preocupados por la cantidad de accidentes de tráfico y sus consecuencias, decidieron buscar una solución médica pero también técnica para paliar estos problemas.

A consecuencia de estos estudios, comprobaron como las pruebas actuales de cascos solo miden impactos lineales y en caídas rectas, lo que deja fuera de comprobación los daños angulares que hemos comentado anteriormente. Estos daños angulares pueden causar lesiones graves si no se evitan convenientemente, por lo que conocer la forma en que reaccionaba el cerebro humano en estos supuestos se hacía imprescindible. Una labor para la que se emplearon diversos estudios dinámicos del comportamiento del cerebro así como pruebas reales con cadáveres y estudios mediante rayos X.

De todo este trabajo surgió el primer producto de la marca, lanzado en 2007 y lanzado para el sector de la hípica. Un producto que tendría una muy buena acogida, aunque no lo suficiente como para que el la empresa diese el salto al mundo de la moto. Por suerte, la compañía decidió cambiar el planteamiento y en vez de ofrecer cascos completos ahora ofrece un sistema integrable en cualquier casco y que permite una protección móvil frente a este tipo de golpes.

El dispositivo de protección parece, a primera vista, una especie de chichonera con una estructura muy similar a la del cerebro o la cabeza humana, que encaja en casi cualquier casco del mercado. Esta estructura tiene un comportamiento similar al del líquido encefálico que recubre el cerebro y le da al casco un movimiento de unos 10 a 15 milímetros. Suficiente para compensar parcialmente los efectos angulares ya mencionados y ayudar a una mayor disipación de la energía. Algo que supone un extra de seguridad para todo tipo de riders, pero especialmente para los aficionados al motocross, por el mayor riesgo al que se exponen.

Disponibilidad de la tecnología

Tal como hemos mencionado, actualmente la tecnología MIPS se vende de forma integrada en todo tipo de cascos del mercado, por lo que si le echas un vistazo a los cascos de motocross actuales es fácil encontrar modelos con MIPS. Una tecnología integrada de fabricada para darte una mayor seguridad a la hora de circular. 

Respecto del coste de este extra lo cierto es que el mismo se nota, pero no tanto por el precio de la tecnología sino porque, por ahora, solo está presente en cascos de gama premium, por lo que su coste de origen ya era más elevado que el típico casco tradicional. De todos modos, es posible encontrar cascos con tecnología MIPS a precios desde los 150 o 200 euros. Considerando que proceden de marcas de primer nivel y la alta protección que ofrecen, la verdad que es una inversión que merece la pena.

 

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