Última actualización: 16.11.19

 

El anticongelante es uno de esos líquidos a los que no damos importancia hasta que generan problemas. Para evitarlo, nada mejor que conocer algunos detalles sobre este consumible de nuestro coche, que pueden servirnos para evitar más de un problema.

 

Dentro de la lista de líquidos que utiliza nuestro vehículo, el anticongelante es, junto con el aceite de motor, unos de los más importantes para mantener la buena salud de nuestro coche, furgoneta o similar. Sin embargo, a este líquido no le solemos prestar toda la atención que debe, lo que puede acabar siendo fuente de problemas a la hora de circular. Para que puedas esquivar estos problemas, vamos a dejar algunos detalles que conviene saber sobre este producto.

 

1. El color del anticongelante importa

Una de las cosas que sorprenden de los anticongelantes es su gama de colores. Si echamos un vistazo a cualquier comparativa de anticongelantes, veremos como en el mercado hay productos de color verde, rosa, amarillo o incluso azul. Además, todos estos colores son bastante llamativos a la vista. Estas dos cuestiones no son casuales. 

Por un lado, el color marca la temperatura mínima y la composición del producto, de modo que un anticongelante rosa suele llegar a los -35 grados de temperatura, mientras que uno verde se queda en los -18 grados. Respecto de su aspecto brillante, este se fabrica así para que sea más fácil localizar una posible fuga del líquido, haciéndolo brillar sobre el motor.

 

2. Cuidado con las mezclas de colores

Si leemos la etiqueta de cualquier anticongelante veremos como este no debe diluirse ni mezclarse con agua. Este líquido, por sí mismo, es capaz de mantener el buen estado de nuestro motor y refrigerarlo de manera efectiva, así que nunca debe mezclarse con agua ni con otros líquidos. Y ya que hablamos de mezclas y colores, el anticongelante de un color determinado no puede mezclarse con otro producto de un color diferente. Esta mezcla puede generar resultados inadecuados a la hora de refrigerar nuestro vehículo, en la línea de lo que pasaría si mezclamos aceites de diferentes escalas SAE. 

Lo que sí podemos hacer es añadir refrigerante verde a un vehículo que ya use ese refrigerante verde, puesto que sus propiedades básicas van a ser las mismas. Pero si mezclamos un verde con un rojo, vamos a obtener un compuesto de propiedades indeterminadas y que, además, no permitirá valorar visualmente su estado dado que su color será más bien marrón.

 

 

3. Olvídate del agua, incluso de la destilada

Conforme a lo que acabamos de comentar, es clave olvidarnos del agua a la hora de refrigerar el motor de nuestro vehículo, salvo que sea una emergencia extrema en la que no podamos ponerle otra cosa. Hay muchos motivos para ello. Uno tiene que ver con el comportamiento térmico del agua. Este líquido se congela a los 0 grados y se evapora a los 100. Estas dos temperaturas son fáciles de alcanzar en cualquier clima y dentro de un motor, causando que el agua crezca en tamaño al congelarse, lo que puede acabar rompiendo cualquier componente del motor. 

Por otra parte, la temperatura de evaporación causa que la capacidad de refrigeración del agua sea muy limitada, pues el líquido refrigerante puede llegar a temperaturas por encima de los 150 grados. Todo ello sin olvidar la presencia de cal y otros metales en el agua, que pueden corroer los circuitos por los que circula el anticongelante. Algo que no pasa con estos líquidos, cuyas temperaturas de funcionamiento son mucho más amplias y que no solo no contienen elementos nocivos para el motor, sino que también eliminan del circuito de refrigeración la posible suciedad que puede acumularse en su interior.

 

4. El fabricante manda

Cuando se trata de poner un anticongelante con unas características propias en nuestro vehículo, es necesario echarle un vistazo al manual para saber exactamente qué tipo de anticongelante debemos usar. En general, tanto el manual como el resto de datos técnicos que nos indica el fabricante del motor nos informan de cuál es el anticongelante que debemos usar, conforme al clima en el que nos movamos y el tipo de conducción que realicemos. Solo en caso de que las condiciones de uso que demos al vehículo no estén recogidas en esta documentación deberíamos buscar asesoramiento especializado al respecto de qué anticongelante usar en nuestro vehículo.

 

 

5. El anticongelante no es eterno

Si no has cambiado nunca el anticongelante de tu coche y este tiene cierta antigüedad, le estás haciendo un pequeño favor a tu vehículo. Al igual que el resto de líquidos que se usan en el motor, este anticongelante debe cambiarse de vez en cuando por completo, a fin de impedir que su pérdida de propiedades refrigerantes pueda generar un sobrecalentamiento del motor. 

En lo que no hay demasiado acuerdo es en cuándo deben realizarse estos cambios. Algunos fabricantes recomiendan el cambio cada 50.000 kilómetros, mientras que otros apuestan por intervalos de cambio que van de 40.000 a 60.000 kilómetros. En todo caso, es algo que también depende del entorno por el que se mueva el vehículo, puesto que cuanto más polvoriento y cálido sea, más temprano deberemos hacer el cambio.

 

6. El circuito de refrigeración también existe

Estamos hablando del líquido, del anticongelante, pero también es fundamental tener en cuenta todo lo que tiene que ver con el entorno por el que se mueve ese líquido. En concreto, hablamos de todos los elementos del circuito de refrigeración, así como el resto de elementos responsables de que circule correctamente y se enfríe como debe. Entre ellos tenemos el radiador, que debe estar siempre limpio y en buen estado, o la bomba de agua, que no debe hacer ningún ruido y siempre debe tener su correa de activación (la correa de distribución) debidamente tensa y bien colocada. 

Respecto de los tubos y manguitos por los que circula el líquido, estos no deberían presentar grietas o perforaciones derivadas del uso. Un control visual de todos estos elementos es una buena manera de alargar la vida del motor y obtener una refrigeración más eficiente.